Poema a la Revolución
Mexicana.
Algunos dicen que fuiste revuelta.
Otros que fiesta de sangre.
Y yo, hoy te llamo...
Una vez el pueblo orillado a la violencia,
a la miseria, a la angustia diaria
por su gobierno, sirviente de extraños
Vio en ti el fin de las vejaciones,
nuestra pobre patria vendida por los
traidores.
Nuestro rico suelo en manos del yanqui
De los extraños, sin raíces.
Con dinero.
Y la gente humilde, los de abajo
Se levantaron y fueron arriba.
Entraron a la casa del Patrón, del Tirano.
A la hacienda, al Palacio.
Por un tiempo dominaron .
Los peones se convirtieron en reinas.
A la última casilla, llegaron
Y en un espejo se miraron.
Supieron de su potencia.
De lo que serían
si no fueran esclavos.
Pancho Villa, Zapata.
Tomaron el poder y lo dejaron.
Se sentaron en la silla, se tomaron la foto y
se largaron.
Portaron la ilusión, la esperanza, el mundo nuevo.
Dejaron ejemplo, demostraron de lo que el
pueblo es capaz.
Por un día vengaron la miseria, la
desesperanza.
Echaron en su espalda los sueños y las
revanchas.
De Magón,
de Cuahutemoc, de Morelos.
Pero también hubo otros,
que querían gobernar, mandar.
Que querían ser patrón, tirano.
Ellos también se sumaron,
A la guerra, a las armas.
Sin querer dar al pobre,
ni quitar al rico.
Carranza , Obregón, Calles.
Los que aprovecharon.
Que hicieron gobierno, que pusieron orden.
Que se pusieron de acuerdo con los extraños.
Que acabaron con la fiesta de igualdad y de anarquía.
Que asesinaron a Villa, que traicionaron a
Zapata.
Que fracasaron las esperanzas.
Que sirvieron de nuevo al extraño, otra vez
al Yanqui.
Que metieron en un libro,
los derechos y las obligaciones.
Y se quedaron con los derechos
Y repartieron las obligaciones
Pero el ejemplo cundió,
el pueblo supo lo que quería.
Libertad.
Clima donde el hombre se conoce a si mismo
Aunque a costa de la sangre…
Por vivir el Paraíso. Revolución.
Se levantaron. Otra vez.
El pueblo, los que no murieron.
Contra el supremo Gobierno.
Calles, el nuevo Porfirio.
Ahora, con bandera de la iglesia,
la religión que, al menos,
ofrecía la vida eterna
al morir por ella.
Los Cristeros.
Guerra como todas.
Murieron soldaditos,
mandados por generalitos.
Pactaron los Señores
Después llegaron al palacio
otra vez, tus ecos.
Mandados desde abajo,
empujados con sangre
De los desposeídos de siempre,
Que conservaban, la ilusión,
Que habían vivido el ejemplo
Que mantenían la esperanza.
Que es la que muere al último.
La que mas vive,
la que mas duele.
Y desde arriba se escucharon sus voces,
sus lamentos. Lázaro Cárdenas.
Desde tan, tan arriba,
Y el Tata tenía buenas intenciones.
¡Lastima que volara tan alto¡
Y la realidad. Del jodido, del oprimido.
Esa no cambió.
Pero nació otro sueño.
En el gobierno, el estado.
En la revolución institución.
Los héroes de los oprimidos
Se enterraron junto a los otros.
Pancho Villa, Obregón, Carranza, Cárdenas,
Calles...
enterrados en el mismo Monumento,
el de la Revolución.
Gigantesca tumba de las esperanzas y las
ilusiones.
Solo Zapata no esta ahí.
El pueblo, su pueblo,
lo salvó.
No permitió que profanaran,
su tumba verdadera,
en la Tierra.
Su tierra.
Su amor.
Y a Zapata no lo llevaron.
No lo enterraron junto con la Revolución…
Por eso Zapata vive.
Por eso la lucha sigue.
FIN…
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